Funerales pt. 3 - Historia de triste Arcelia



Un día de octubre que no recuerda exactamente, R recibió la que para él solo era "la noticia", ni fatídica ni dolorosa como era para quién le había avisado. No le sorprendió, no le alegró, no le incomodó, no le entristeció, no le molestó. Una de sus tías, de la que hacía años no escuchaba, le había llamado al celular mientras manejaba de regreso a casa. No se molestó en preguntar detalles, es decir, ni cómo ni cuando ni dónde... nada. Al colgar, arrojó de nuevo el pequeño teléfono en el asiento del copiloto y volvió a subir el volumen al estéreo. Sonaba Paranoid Eyes. Pink Floyd, The Final Cut, 1983, track 6. Entonó suavemente "you can hide, hide, hide... behind paranoid eyes". Y bien, Arcelia, quien le había abandonado teniendo 5 años y siendo el mayor de 6 hijos junto a su padre, había muerto. Pensó en su padre, en ella, en el accidente de auto que la tenía postrada en silla de ruedas desde hacá casi treinta años y que había truncado su sueño de ser bailarina profesional, en las amarguras que tuvo que enfrentar él, su padre y sus hermanos. Sintió agruras, luego ganas de vomitar.






Llegando a casa, dio la noticia a su mujer, y luego de que ésta le preguntó si no pensaba llamar para preguntar razones, R contestó con un sonoro "para qué?" lleno de indiferencia, indolencia y todo lo demás. Luego cenó, se dio una ducha y se fue a dormir.






Al cabo de dos días, recibía por correo un cheque del Bank of America con su parte de la herencia. 200 dólares. Pensó en su padre, luego en sus hermanas, luego en todos los discos que quizá se compraría con ese dinero.

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