Funerales pt. 2
Imagínate enterrar a un abuelo. Haberlo visto por última vez en casa reírse, quejarse de un pequeño corte en el pie derecho y rezongar como de costumbre de algún tema de poca importancia. Por ejemplo, de lo mal que andaba el equipo de beisbol de la localidad. Sereno como de costumbre. Alegre. Y lo siguiente que sabes de él es que lo llevan inconsciente al hospital. Dos días después parece recuperarse de un ataque al corazón y seguir en la lucha, junto a familiares que han viajado para estar con el. Imagina esperar un día entero sentado en la sala de espera del hospital. Ver como entra y sale gente, todos con sus males y tu callado. Luego llega un domingo que no olvidarás. Te despiertas con una llamada de tu madre que se va en avión pidiéndote que la mantengas al tanto de lo que pasa, y a los segundos de colgar, llama tu padre avisándote que va rumbo al hospital y te da la noticia.
El velorio es como el limbo. El lugar que visitas luego del hospital y antes del cementerio. Y ahí estas: mirando la sala vacía y a tu tía llorar. Te acercas al féretro y ahí se viene abajo todo. Mantienes la vista fija en cada centímetro de quien esta ahí dentro, que no parece tu abuelo. Le falta algo. Es solo como una fotografía mala. Luego vienen las lagrimas que recibes sin muecas, sin sollozos. Solo lagrimas. Un rato después llega la gente y te olvidas un poco de la situación al recibirlos y agradecerles la atención de estar ahí presentes. Charlas un poco con cada uno, y observas como algunos se quedan sentados en alguna banca en algún rincón del lugar con cara de enfado sin decir ni hacer nada. El lugar queda vacío un rato después. Y regresa la nostalgia. Y el dolor.
Luego viene la verdadera despedida. Conoces la ruta a seguir del funeral pero jamás te había parecido tan larga. Llegas, y los cementerios jamás te habían parecido tan tristes. Ni los entierros tan largos. Tan dolorosos. Imagínate junto a los demás que rodean de cerca el féretro listo para bajar, echando los últimos vistazos. Y de repente se llega el momento, el personal del cementerio anuncia que lo han de bajar. Una tía se acerca entre lágrimas y sollozos y le da las gracias por todo el amor, toda la dedicación, todo el sacrificio y todo lo que le dio. Cierras los ojos y lloras. De regreso a casa te duele la cabeza y todos van en silencio. Tu papá trata de dormitar unos momentos. Luego rompe en llanto.
0 comentarios:
Publicar un comentario