Historias de Parque - I

En la banca, ésta mujer de unos veinticinco o quizá treinta años. Es enorme. Lee un libro de autoayuda; yo creo que realmente lo necesita. Viste incómoda para estar en un parque. Tacones, maquillaje extra, detalles así. Mira constantemente su reloj, lo que me hace pensar que espera algo que ya tardó en llegar.

En otro extremo del parque, aparca un automóvil rojo. Uno deportivo, de esos muy vistosos. Se alcanza a ver a un individuo que se mira en el espejo retrovisor central. Se medio acomoda el cabello, los anteojos, el cuello de la camisa. Luego baja con una botella en la mano. Una botella de algo que no es legal beber en un parque público. Pero a quién le importa. Es la una y treinta de la tarde, y los policías no pasan por aquí.
Por su forma de caminar te das cuenta de que está nervioso e indeciso o inseguro. Voltea a todos lados, como buscando no se qué en no se dónde. Finalmente da con ella, pero permanece inmóvil unos segundos, como decidiendo si seguir adelante o subirse al auto y regresar la botella a la tienda. Total, aun tiene el recibo. Se puede ver cierta decepción en su lenguaje corporal. Esto está siendo todo un espectáculo, y promete ponerse mucho mejor. Yo me muero por que decida seguir adelante.

Luego de un minuto, lo hace. Reúne todo el valor necesario y se acerca a paso seguro hacia la mujer, a quien sorprende por la espalda de la banca. Se dicen algo que no alcanzo a oír, pero al parecer es agradable. De lejos, en ambos puede verse cierta decepción, pero los dos son amables.
El se había dejado engañar por la foto de internet. Ella había visto el auto, y siempre había añorado subirse a un mustang, y aquel era el soltero mas cercano disponible. A lo lejos, veo que ella mira constantemente el reloj, como esperando cierta hora que se está tardando en llegar. El piensa, bueno, ya compré la botella, que demonios.

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